no te quemes la cabeza por un poco de placer


domingo, 16 de octubre de 2011

ardimos

Vos creyéndote el rey del mundo por hacer llorar a una estúpida de diecisiete años, yo sintiéndome la más pelotuda por llorar por un infeliz como vos.
Sostengo firmemente que lo que me mantiene hoy acá es el miedo a volver a verte, o peor, el terror a no verte nunca más. "No estamos llegando a ningún lado", evidentemente al fin logramos coincidir en algo, pero tu histeria y mi autocontrol -amor propio- nunca fueron una buena combinación.
Te dejo, me dejas, vuelvo, te vas, te quiero, ¿Me queres? -no seas ilusa-.
"Después no te arrepientas".. ¿De qué?, ¿Eso es un mensaje tuyo?, ¿Vos me habías dejado?, acá vamos de nuevo, no pienses que vamos a salir tan fácil de un circulo vicioso como éste.
Lunes a la mañana y volvemos a ser dos desconocidos que inconscientemente no pueden dejar de buscarse, la pequeña gran diferencia es que yo lo hago notar, vos no existís. Nunca exististe, pero estas ahí, eso no se discute. "Que tengas buena suerte", si tuviera buena suerte vos no estarías acá... seamos sinceros, si tuviera buena suerte no me estarías dejando (o el término que quieras poner a tu concepto de dejar).
Lo mires desde el punto de vista de donde lo mires, absolutamente todos tienen razón.
Dejarte. Odiarte. Olvidarte. Quinientas opiniones, seiscientas razones firmes y posiblemente certeras para hacerlo.
Y vuelvo a centrar mi vista en esa expresión seria que acostumbras a usar cuando me cruzas, ahí, cuando achinas los ojos y pones cara de confundido esperando a que te salude.
Y mi cabeza se transforma de golpe en un lunes a la mañana, cuando no te conozco, cuando los dos sabemos quienes somos, o peor, cuánto somos.

Y por una especie de intento de catarsis, llegue acá...
Ah, feliz día madre.

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Y te condena mi celoso corazon cuando le contas tu historia
nunca conocio la gloria en cuestiones del amor.
Y se que nunca se me va a olvidar tu voz, aunque pierda la memoria
con acercarse a la victoria se conforma un perdedor.
Y te tendre que dejar escapar, se que lo voy a lamentar
pero te digo amor que hay que saber cuando parar.